Dicen que nadie llega a ser una verdadera leyenda si no hay escándalos de por medio, especialmente en un mundo tan especial como el de la música. Los verdaderos genios son en muchas ocasiones personas atormentadas, inestables emocional y mentalmente. Esto les permite componer canciones que son recordadas por la eternidad, pero también llevar vidas complejas llenas de polémicas y de momentos oscuros. No hace falta irse muy atrás para encontrar nombres de grandes músicos que han hecho historia, pero acabaron siendo casi más conocidos por sus escándalos. Desde Kurt Cobain a Amy Winehouse, pasando por Michael Jackson o Freddie Mercury. El carisma de estos músicos era tal que arrollaba con todo lo que tenían por delante, recibiendo la atención plena de la prensa, siendo perseguidos, acosados en muchas ocasiones… La polémica a veces les servía como forma de seguir en lo más alto, para que todo el mundo hablase de ellos, pero el precio a pagar solía ser demasiado alto.
En los años 80, por ejemplo, las controversias eran el pan de cada día para las estrellas musicales. Nadie tenía un número 1 sin haber pasado antes por las portadas de los periódicos con un escándalo. La fama, al fin y al cabo, significa llegar al máximo número de personas posibles, hacerse tremendamente conocido entre distintos grupos de edad. Y conseguirlo a veces no era sencillo solo a través de la música, cuando tenías enfrente a artistas que ponían toda la carne en el asador por destacar también en lo visual, en lo polémico. En 1982, el grupo Culture Club sacó su primer single, Do you really want to hurt me?, que se convirtió en un éxito instantáneo. Un tema pop con aires de reggee, pegadizo y marchosos, que llegó al número uno en numerosos países. Su primera aparición en televisión también causó sensación, sobre todo por su vocalista, un tal Boy George, que sin embargo, parecía más bien una chica. Pelo largo, trenzas, maquillaje intenso… ¿Era un hombre o una mujer? Poco importaba. Su imagen contribuyó a darle ese toque de originalidad a la banda, que durante cuatro años vivió momentos de gloria en Reino Unido. El propio George se convirtió en todo un icono de la comunidad LGTB, mostrándose siempre abiertamente gay.
España siempre ha sido un país con una gran presencia del colectivo LGTB, incluso en las épocas donde ser gay o lesbiana estaba tan mal visto que podías acabar en la cárcel por ello. La represión franquista todavía se nota en muchos detalles en la sociedad española, y esa homofobia latente sigue viva, por desgracia, alentada además por ciertos sectores ultras. Pero ni siquiera ellos pueden negar que en nuestro país siempre ha habido personas con tendencias homosexuales, solo que antes preferían ocultarse, por miedo, y ahora pueden salir a la luz. En las últimas dos décadas, el colectivo LGTB ha conseguido dar pasos de gigante en nuestro país, logrando derechos igualitarios en el matrimonio o la adopción, por ejemplo. Ha sido un camino arduo y lleno de baches, y aunque todavía queda mucho por andar, España puede presumir de ser uno de los países más abiertos en este sentido.
A la par, con esa sociedad tan bipolar que nos caracteriza, España es el país europeo donde más sexo de pago se consume. Mientras seguimos avanzando en el feminismo y la igualdad en todos los sentidos, nos topamos también con la laxitud con la que se trata el tema de la prostitución. Este país es un paraíso para los puteros, aunque esto no tiene por qué ser malo de por sí. De hecho, si la situación se regularizase, como se ha hecho ya en otros países, las cosas podrían ir mucho mejor para los trabajadores y trabajadoras sexuales. Porque cuando se habla de este negocio siempre se hace referencia a las prostitutas, pero casi nunca nos acordamos de los chicos que también se ofrecen por dinero. Son los invisibles dentro de un sector ya de por sí marginado, expuesto también ante una sociedad que no soporta que un gay pueda dedicarse a la prostitución. Los propios clientes suelen sentirse más cohibidos cuando contratan los servicios de un chico, como si el “problema” fuera ese, y no el pagar por sexo. Tanto es así que no fue hasta 2015 cuando se abrió el primer burdel netamente gay de España, el Club Diamant, en Figueres.
Las diferencias entre hombres y mujeres siguen siendo evidentes, a todos los niveles, en la actualidad. En muchos sentidos, los movimientos por la igualdad están logrando grandes avances, sobre todo en lo social e incluso en lo económico. La necesidad de seguir luchando por los derechos que igualan a hombres y a mujeres, y por acabar con la discriminación para colectivos y minorías, se hace más patente que nunca. Incluso en un sector tan marginado como la prostitución, hombres y mujeres tienen formas muy diferentes de enfocarlos. La inmensa mayoría de personas que se dedican a este negocio en el mundo son mujeres, y aunque hay cada vez más hombres prostituyéndose, apenas se habla de ellos. Si la prostitución es un negocio invisibilizado de cara a la sociedad, la prostitución masculina está olvidada dentro de esa propia invisibilidad
La mayoría de estudios recientes sobre prostitución se han olvidado de aquellos hombres que ejercen estos servicios. Es más habitual catalogar al hombre como el consumidor de prostitución, el putero. De hecho, incluso cuando es un varón el que se prostituye, la inmensa mayoría de clientes que tiene también son hombres. Existen gigolós que solo trabajan con mujeres, pero son los menos, y de hecho, suelen considerarse privilegiados. Las mujeres no consumen sexo de pago, en muchos casos porque no lo necesitan, o porque tienen esa represión moral con respecto a este trabajo. Sin embargo, hay muchos hombres que, incluso considerándose heterosexuales, quieren probar a estar con un amante masculino profesional. La situación de estos escorts varones es muy compleja, y está mucho menos visibilizada y estudiada que la de sus compañeras femeninas. Hay cosas en común, por supuesto, como la necesidad de dinero como principal motivo para entrar en el negocio. Pero las diferencias, como vamos a ver a continuación, también son flagrantes, y hacen que la prostitución masculina deba ser estudiada aparte de la femenina para entenderla apropiadamente.
Por fortuna, podemos decir sin miedo a equivocarnos que la homosexualidad está hoy en día mucho mejor vista que en décadas anteriores. La sociedad por fin está aceptando que el amor entre personas del mismo sexo no tiene absolutamente nada de malo y sigue siendo amor, de la misma forma que una mujer y un hombre pueden quererse. Han sido muchos los años que las personas gays se han tenido que ocultar, o que han sido vilipendiadas, e incluso asaltadas, por mostrar sus preferencias sexuales en público. Décadas en las que las personas homosexuales debían vivir en el armario, e incluso casarse para tapar los rumores y mantener las apariencias. Podríamos pensar que hace mucho de esto, pero en realidad no es tanto. En los años 80, ser gay todavía era un estigma importante en buena parte del mundo, especialmente aquellos lugares donde la religión tenía un gran preso en la sociedad.
Lo sigue siendo hoy en día en muchos países islámicos, que siguen sin admitir que una persona pueda enamorarse de otra del mismo sexo, pagándolo incluso con su vida en algunos sitios. Mientras el mundo entero sigue girando en pos de la igualdad y el fin de esta estúpida discriminación, aquellos primeros jóvenes que tuvieron el valor de mostrarse tal y como eran y abrir el camino a las nuevas generaciones ya atisban las últimas décadas de su vida, sonriendo por todo lo conseguido, pero también recordando con cierto pesar todo lo que tuvieron que pasar para lograrlo. No era fácil ser gay en los 80, incluso cuando eras un artista famoso y te podías permitir salir del armario gracias al cariño del público. La homosexualidad todavía era considerada una enfermedad, una desviación mental, y hablamos de hace solo cuatro décadas…
Los refranes suelen ser una buena forma de entender la idiosincrasia de una cultura, de una forma de ver la vida en un territorio determinado. Hay tantos que al final son como retazos de sabiduría popular, y aunque muchos son efectivamente sabios, otros tampoco tienen mucho sentido. Si decimos, por ejemplo, que “el hombre, como el oso, cuando más pelo, más hermoso”, o “donde hay pelo hay alegría”, estamos tirando de refranes muy típicos y tremendamente conocidos, pero que tampoco tienen una base más real que la de la opinión que cada cual tenga sobre el tema. De hecho, en los últimos años, este tipo de mensajes pro-vello han quedado un poco denostados, mientras que el hombre cada vez se cuida más y por tanto, se aleja de esa visión de macho peludo en todos los sentidos.
El debate sigue abierto, y no hay realmente una respuesta válida más allá del propio gusto de cada uno. Entre los hombres gais, por ejemplo, hay muchos que se vuelven locos por otros chicos peludos, y también están los que prefieren a los depilados, que no tengan un solo vello fuera de lugar. Cada una de estas tendencias tienen sus propios defensores y detractores, y nuestra intención en este artículo es precisamente recoger ambas formas de pensar para ver cuál de ellas puede llevar más razón o al menos exponerlas, y que cada uno saque sus propias conclusiones, dependiendo de sus gustos y sus preferencias. ¿Con pelo o sin pelo, cómo te gustan más los chicos?
Los tiempos cambian, la sociedad avanza, y por fortuna hoy por hoy la libertad sexual es mayor que nunca. Los hombres pueden hablar abiertamente de sus sentimientos y de su orientación, tanto si son homosexuales como bisexuales, y lo mismo ocurre con las mujeres. Esto no significa que esté ya todo ganado, porque sigue habiendo brotes homófobos por desgracia, y todavía queda mucho camino por delante. Sin embargo, la situación se está normalizando mucho más, y hoy por hoy ya no resulta tan extraño ni extravagante encontrar a un chico que se maquilla, más allá de la típica sombra de ojos que algunos se ponían ya desde hace tiempo. El maquillaje para hombres existe, aunque siempre demos por sentado que el maquillaje es solo para mujeres.
Desde hace tiempo, hay varias marcas que se han interesado en ofrecerte este tipo de cosméticos también para los chicos. Y es que al fin a y al cabo ellos también tienen derecho a estar perfectos en cualquier momento, con un poco de base para homogeneizar todo, algo de color, sombra de ojos, e incluso delineante, para destacar esa parte de su cuerpo. Esto es exactamente igual que cuando las mujeres empezaron a llevar ropa de hombre, como pantalones y demás. Era algo que parecía imposible, ilógico, pero la sociedad se acostumbró pronto a ello y entendió que todos tenemos derecho a vestirnos como queramos… y también a maquillarnos. De hecho, esto tampoco tiene que ver directamente con la orientación sexual del chico, sino simplemente con su querencia de estar lo más guapo posible en todo momento.
Aunque todavía queda muchísimo por conquistar, parece que en las últimas décadas la apertura de mente en los procesos sexuales y de identidad de género se está consiguiendo, poco a poco, pero con un avance importante que hace que ya no se mire mal a cualquier persona que tenga una forma diferente de mostrar su identidad sexual. La lucha por la diversidad y por el empoderamiento de los colectivos LGTB+ sigue siendo un puntal importante, y es algo que hay que aplaudir porque hasta hace unas décadas, por desgracia, la situación era muy complicada para este tipo de colectivos. Y no hablamos solos de gays, lesbianas o transexuales, sino simplemente de personas que se travestían para llevar a cabo un espectáculo, algo bastante común pero que durante mucho tiempo se ha visto como negativo por parte de ciertos sectores de la sociedad.
No hay mayores diferencias entre ese chico que se transforma en folklórica para hacer su espectáculo en cualquier teatro o sala, y las transformaciones de Robbie Williams es Señora Doutfire en el cine. Es el mismo ejemplo, solo que a uno se le respeta por estar actuando, y al otro simplemente se piensa que lo hace porque quiere ser mujer, cuando en realidad casi nunca es así. El transformismo simplemente es el proceso de convertirnos en una persona de otro sexo, con vestuario y look, cogiendo también sus además, para llevar a cabo la interpretación de un personaje en un show determinado, sin que eso implique nos sintamos confusos con nuestro género o queramos cambiarlo. Si estás interesado en el transformismo, aquí te vamos a dar algunas claves para conocer más sobre este tema.
La discriminación, sea por el motivo que sea, sigue siendo una de las lacras más importantes de nuestra sociedad. Y es que parece que el ser humano es incapaz de entender que, más allá de nuestro género, nuestra raza o nuestra orientación sexual, todos merecemos el mismo respeto, porque ante todo somos personas. Por desgracia, la discriminación laboral se sigue dando con respecto a muchos colectivos concretos, y uno de los más afectados suele ser el colectivo LGTB+, aquellos enmarcados dentro de una orientación sexual “distinta”. A estas alturas todavía tienen que ver como muchos les vilipendian en la calle, en algunos medios conservadores, y les faltan al respecto. Pero la situación laboral puede llegar a ser mucho peor, incluso con acoso dentro del propio trabajo.
Es algo que parecía estar superado, pero que en los últimos años, por desgracia, parece estar viviendo un nuevo apogeo. Lo que muchos gays, lesbianas y transexuales denuncian es que no pueden mostrar públicamente su orientación sexual en el trabajo, por miedo a represalias, por miedo a sentirse señalados por algo que a día de hoy debería ser lo más normal del mundo. Y sin embargo, todavía tienen que enfrentarse a las miradas y a los comentarios de compañeros de trabajo, y en ocasiones incluso también al rechazo de los jefes, que buscan cualquier excusa para poder apartarlos de sus puesto, de una manera totalmente injusta y como veremos, también ilegal. Los derechos del trabajador les protegen frente a estas acciones, pero muchos, por miedo a ser señalados, prefieren ocultarlo y no darle muchas vueltas, incluso cuando son el centro del acoso y las críticas.
En la actualidad, el matrimonio gay sólo está permitido en 22 países del mundo, ya sea en todo su territorio nacional o en alguna de sus regiones. Aunque la legalización del matrimonio sea un importante paso en materia de igualdad y derechos humanos, lo cierto es que esta práctica sólo sea legal en 22 de los más de 200 países que existen en el mundo da una muestra de lo necesario que sigue siendo avanzar en esta materia.
No obstante, cada uno de estos logros que acaba consiguiendo la comunidad LGTBQ debe ser celebrado y servir de impulso para las luchas en otros lugares. Uno de los más recientes es la próxima designación de Leo Varadkar como Primer Ministro de Irlanda. Varadkar, que hasta la fecha era el ministro de Bienestar Social, sustituirá al actual Primer Ministro Enda Kenny. Varadkar, de 38 años, será el primer gay que ocupa el puesto de mayor responsabilidad en el gobierno de Irlanda, un país con alta tradición católica y donde hasta hace 25 años estaba sancionada como delito la homosexualidad. Leo Varadkar, hijo de un inmigrante indio, será también el primero de una minoría étnica en alcanzar ese estatus.
España es uno de los países del mundo donde los homosexuales gozan de más derechos y, en concreto, según datos del estudio «The Global Divide on Homosexuality», la sociedad española es la que más acepta la homosexualidad en todo el mundo, pues hasta el 88% de los españoles responde afirmativamente que los homosexuales deben estar integrados en la sociedad. La investigación incluye encuestas telefónicas con muestras representativas de 39 países.
El CIS también da muestras de la aceptación de la homosexualidad en España. La mayor muestra sociológica de la sociedad española señala cada vez que se aborda esta cuestión que las personas homosexuales son ampliamente aceptadas y que cada vez una más importante mayoría de la sociedad española admite que los homosexuales deben tener los mismos derechos que las personas homosexuales. Un gran impulso para que se avanzaron pasos en esta igualdad real fueron las medidas llevadas a cabo por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2005, cuando aprobó el matrimonio entre parejas del mismo sexo, siendo entonces el cuarto país en el mundo en hacerlo.
