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  • 03 Nov 2009

    DULCE: MIS INICIOS



  • Hola soy un chico de Guatemala tengo 21 años mis amigos "especiales" me conocen como Dulce (ese es mi nombre de batalla), tal vez porque soy muy dulce. A lo largo de mi vida siempre había negado lo que resultaba obvio para mí: Soy gay. Me di cuanta de ello una vez que andaba con mis amigos, en una salida donde me dieron en el culo por primera vez.

    Todo comenzó cuando nos fuimos al puerto con mis amigos. Recién había cumplido los 17. Entre el alcohol y unos cigarritos de mota que habían llevado, se perdió el pudor y el miedo al qué dirán. Una noche oí una extraña bulla que venia del cuarto de al lado. Entré y vi a mi amigo el Popo haciéndose la paja tendido en el suelo. Lo vi y me excité mucho y le pregunté que estaba haciendo (pregunta estúpida). El se chivio y me dijo que se estaba "consolando por la terrible soledad que azotaba su corazón". Cuando se ponía azul o andaba pedo le daba por hablar poéticamente. Yo no sabía que hacer pero el bulto en mis pantalones pudo mas que yo y me acosté a su lado y nos comenzamos a tocar tratando de no hacer mucho ruido. Él me besó primero y yo me sentí raro pues nunca había besado a un hombre antes, pero me gustó mucho. Las cosas más asquerosas comenzaron a pasar por mi mente. Bajé y le comencé a dar besos hasta llegar a su pene el cual succioné con todas mis fuerzas. Ya había practicado sexo oral con una novia bien puta que tuve, pero jamás se lo había hecho a un hombre. Su macana tenía una gran cabezota y se la chupe como por 10 minutos hasta que lo hice acabar. Se corrió en mi boca y casi me ahogo, pues no sabía que hacer con toda esa leche. Al final me la tragué. Pero la bestia ya estaba despierta y quería más. Sin meditarlo dos veces me puse en cuatro. - Va pues mano, ya estás armado.- le dije en tono de chiste para quitarme un poco el nerviosismo y la vergüenza. - Mano, te lo voy ha hacer como lo he hecho con las putas.

    Creo que al principio se sorprendió con este acto mío y no sabía bien que hacer. Pero eso duró poco. El Popo era un cuate medio perdido, le hacía a "todo lo que me saque de esta realidad material y distorsionada y me lleve a platicar con El padre Creador" decía. Me penetró poco a poco. Primero puso la cebezota de su palo sobre mi ano y comenzó a restregarlo contra él. Lentamente presionaba un poco más. No recuerdo cuanto tiempo tardó en entrar, pero debo admitir que el Popo ya tenía cierta experiencia en culos. Pero a pesar de la experiencia y la técnica que había adquirido, debo decir que la desvirgada de mi culito no fue una experiencia religiosa como dice la canción del hueco papasote ese. Sentía que me partía en dos cuando se dejó ir con todo, pero el morbo y la calentura me hicieron gozarla. Estaba dura, pero deliciosa la verga esa. Sin condón, ni lubricación ni nada, me montó a puro pelo. Cada arremetida iba cobrando más fuerza que la anterior. Y yo gemía un poco más duro cada vez. Pero tuve que tragarme todos mis gritos, o se hubieran enterado nuestros amigos, y la que se iba a armar. Acabó no se cuanto tiempo después, otra vez dentro de mi. Para ese momento ya había perdido la noción del tiempo y del espacio. No sabía donde estaba metido, pero si que me habían metido.

    Me quedé tirado más o menos unos diez minutos en el suelo hasta que el Popo me dijo que me fuera a mi cuarto. Ya allí me eché una gran paja porque mi paloma seguía en posición de firmes. Bueno esa fue mi primera vez. Desde entonces no he parado. En mi casa se dieron cuenta de lo que soy debido a un gran escándalo que se formó por una indiscreción de uno de mis primeros clientes. Debido a eso, me echaron de la casa, y casi de la familia. Ahora me gano la vida vendiendo la cola al mejor postor, soy sexo servidor gay. No de los que se paran en las esquinas, superé ese nivel de entrada. Ahora trabajo por mi cuenta, o en un finos night clubs capitalinos. Pero bueno, esas son muchas otras historias que quizá algún día les llegue a contar. Por lo pronto les contaré la historia de cómo pasé por las armas,... las mías, a mis primos. Bueno, más bien nos pasmos por las armas... y quedamos muy bien servido, ¡chilamierda!

    Cuando cumplí los 18, finalizó lo que fue el mejor año de mi vida. Cumplí mi mayoría de edad, lo cual fue todo un suceso en mi familia. El hermano más pequeño ya era un hombre. Además me gradué de un prestigioso colegio. Como regalo, mis papás me dieron lo mismo que a mis hermanos: la oportunidad de elegir mi regalo. Pedí un viaje a Europa. Hice un tour por las ciudades más importantes del viejo continente al lado de un primo mío, que también se graduaba y que también le hacía a los palos (lo descubrió allá). También dejé que el viejo continente hiciera estragos en mi. Allí fue donde por primera vez vendí cara mi colita. Pero bueno, en otra oportunidad les contaré de esa experiencia.

    Además del viaje, decidí ir a visitar a mis primos de Xela. Iba a pasar tres semanas de vacaciones con ellos. Teníamos casi la misma edad. No les diré sus nombres verdaderos porque ya tengo suficientes problemas con mi familia. Los llamaré Carlos y Felipe, y yo me pondré el nombre de Manuel. Pues bien, como les estaba diciendo, teníamos más o menos la misma edad. Carlos también tenía 18, y fue con quien me fui a Europa. Felipe era un adorable jovencito de 17. Crecí junto a ellos, por lo que nuestra relación con ellos era muy buena. Y desde aquella vez con el Popo, descubrí que me volvían loca.

    Carlos es de tez morena clara y mide 1.78 mtrs y es de complexión robusta, resultado de una vida de trabajo al lado de su padre en la finca del abuelo. Tiene ojos café claro y una voz profunda y seductora. Felipe es blanquito y sonrojado. Medía 1.70 y era delgado como una caña. Debido a una asma infantil no desarrolló una masa muscular como la de su hermano, pero eso le daba una apariencia de fragilidad muy sexy. Yo soy blanco, sonrojado y de ojos avellanados, herencia de mi madre nacida en Canadá. Mido 1.75 y soy delgado.

    Carlos y yo ya habíamos tomado gusto por nuestro sabor. Yo estaba encantado con él, mientras que para el nuestra relación solamente era algo nuevo y excitante que debía durar únicamente durante las vacaciones. Yo estaba de acuerdo a regañadientes. Debido a la presencia de nuestra familia, tuvimos que posponer nuestros encuentros una y otra vez, hasta que por fin tuvimos nuestra oportunidad.

    Un sábado por la noche, su familia iba a salir a visitar a unos amigos. Carlos y yo nos quedamos con la excusa de estar cansados, pues ese día fuimos a caminar a la montaña. Además Felipin iba a salir con una chava. Y sin nadie en la casa más que nosotros, le propuse a Carlos retomar lo de Europa. Al principio se hizo el rogado, pero en el fondo quería, así que no me costó mucho convencerlo.

    Nos fuimos a su cuarto. Yo lo llevaba de la cintura, pero iba bajando algunas veces mi mano hacia sus carnosas nalgas sin que el se molestara. Estaba bien nalgudo el muchacho. Lo besé al entrar, y rápidamente nos quitamos la ropa y continuamos con el beso. Bajé hasta su verga parada y dura, y me puse a chuparla. Desde algún tiempo había desarrollado gusto por chupar pollas macizas y ya había tomado cierta técnica. Me la metía hasta el fondo y luego la sacaba, mientras le daba un suave masaje en los huevos con las yemas de mis dedos. A Carlos le encantaba eso. Lo podía adivinar en su cara. Cerraba los ojos y los apretaba mientras fruncía el ceño. Sus manos me acariciaban el pelo suavemente al principio, pero mientras el más se excitaba, dejaba paulatinamente las caricias por un lado y me comenzaba a jalonear del pelo y a meter el mismo la verga entre mi boca como si se estuviera cogiendo a una puta. Me calentaba compararme con una puta esforzándose en servir bien a su cliente.

    Para cuando estaba a punto de correrse, ya me sujetaba fuertemente del pelo y me daba durísimo con sus embates contra mi boca. Finalmente eyaculó entre gruñidos de satisfacción y palabras de victoria. Me inundó los cachetes con su tibio y espeso semen, mientras que yo me esforzaba por no perder ni una gota, para luego limpiarle bien la paloma. Mientras me la devoraba a besos, vi algo que me heló la sangre. Fuera del cuarto se encontraba Felipe espiándonos. Se hallaba detrás de las rosas y los limonares del jardín interior de la casa. Había presenciado toda la escena. Pude haberle advertido a Carlos, pero la sensación de ser observado me puso como boiler. Me sentí raro y confundido. No quería que el se diera cuenta de esto por Carlos, pero me excitaba que me viera ser cogido. Así que no dije nada. Fue un gran error.

    Continué limpiándole la paloma a Carlos, pero esta vez en una actitud como de "mírame, que rico la chupo". Mi amante se la tomó de la cabeza, ignorante de nuestro observador, y la levantó para darme a entender que quería que le chupara los huevos. Se lo hice, ya que también me gustaba mucho y a el lo excitaba nuevamente.

    Le volví a parar la verga, así que ahora le tocaba el turno a mi culito. Me acosté boca arriba con las piernas abiertas sobre los hombros de Carlos, dándole abierta la entrada a mi ano. El se puso un condón y se untó la verga con vaselina. No me untaba a mi porque no le gustaba "tocar el culo de otro hombre", así como se negaba a hacerme un mamey y tampoco dejaba que lo penetrara. Eso me parecía estúpido porque bien que le gustaba cogerme y besarme. El decía que se imaginaba que yo era mujer y que por eso le gustaba.

    La penetración fue buena. Suave, rápida y sin dolor. Lo siguiente era lo difícil. Carlos se convertía en un cavernícola cuando se hallaba dentro de mi y me atacaba sin piedad, duro y tupido. Se me echaba encima sujetándome las muñecas con las manos y susurrándome cuan perra creía que yo era. Y yo me sentía más excitado con eso. Soy una perra que se calienta cuando la tratan mal. La cama rechinaba y se estrellaba una y otra vez contra la pared, al compás de mis gritos de placer, que en esta ocasión se ahogaban en queditos gemidos por el temor de ser escuchados en la calle. Aunque estaba bien dotado, su pene no era extraordinario. Medía 15 cm de largo, y el grueso tampoco era de otro mundo. Pero era una buena paloma. Siempre dura como un palo a la hora de la verdad. Nunca lo dejaba en el arranque... NUNCA. Servía bien para su propósito.

    Antes de correrse por segunda vez, sacó su animal de mi interior, le quitó el forro y lo chorreó todo sobre mi estómago y mi pecho mientras gruñía nuevamente de placer. La segunda carga no era tan abundante como la primera, pero era buena. Me miró con cara de cariño y me dijo "¡qué bien estuviste hoy Manuel!", mientras tomaba mi pene con una mano y me comenzaba a dar una paja riquísima. Me encantaba que después de revolcarnos, el me gratificara a mi con una paja. Estaba tan excitado y caliente que acabé rápido, esparciendo mi semen sobre mi estómago. Acto seguido introduje la mano que había usado entre mi boca para limpiarle los restos de mi semen que le habían salpicado. Felipe fue testigo de todo. Desde su escondite vio como su hermano me tomaba como se le dio la gana, vio como me pajeaba y vio la mirada de cariño que me hizo.

    Carlos se salió del cuarto para bañarse, siempre lo hacía después de terminar conmigo. Yo me quedé acostado boca arriba sobre la cama, con las rodillas dobladas y las piernas abiertas, con mi ano recién perforado y aún dilatado a la intemperie. Quería que Felipín me viera en esa posición. Y también quería que se diera cuenta de que lo estaba viendo, por lo que me le quedé observando fijamente. El lo notó rápidamente y trató de ocultarse un poco. Yo comencé a sobarme el pecho y el estómago, embarrándome con mi semen y el de Carlos, para luego llevarme la mano a la boca y lamerla con pasión y placer. Felipín se quedó allí viendo toda la escena a pesar de que sabía que lo miraba. Tenía los ojos muy abiertos y una expresión de asombro y excitación. Era obvio ya, el también era gay como yo.

    Tomé una ducha para no acostarme todo pegajoso. Al salir, aun tenía ganas de más así que fui a buscar a Carlos. Solamente llevaba puesta una bata roja encima, no traía nada abajo más que mi propio cuero. - No jodás Manuel.

    - No seas así Carlos, te chorreaste en mis dos veces, y yo solo una... y encima de mí también.

    - Hombre, no. Ya te di lo suficiente hoy.- se restregaba los ojos mientras se me negaba. Lo encontré ya en su cama. Cuando pasaba sobre mi siempre quedaba exhausto. - Además acuérdate que solo lo hago pensando que eres una mujer, y eso solo funciona una vez.

    - No te hagas primito porque eres tan hueco como yo.

    - tu madre cerote.

    - Acéptalo Carlos ya de una...

    - ¿Aceptar que? Mira, mejor anda dormite que ya te di lo tuyo hoy. Y no dijo nada más. Solo se tapó la cara con una frasada y se dio la vuelta quedando boca abajo. Aún traté de ponerme cariñosa con el sobándole las nalgas y acariciándole le cabello, pero solo conseguí gruñidos y más "no jodás". A mi me gusta que me den duro el palo, pero no me gusta estar rogando por el, así que me salí de su cuarto con los huevos adoloridos y la verga tiesa. ¡Tenía unas ganas de macho...!

    Decidí ir a ver tele a la sala. Me senté aun en bata en una sillón y prendí el aparato. Me puse a ver una comedia mala, pero entretenida en el HBO. Tendría una media hora de estar allí cuando noté una sombra cerca de la puerta. Al voltear, la sombra se apartó. Pensé que se podía tratar de Carlos, pero no. Lo había dejado durmiendo en su cama y alguien tan terco como el no cambiaría de opinión tan fácilmente. Entonces pensé en Felipín. Aparte de nosotros tres, no había nadie más en la casa y mis tíos aún no llegaban. Tenía que ser el.

    Me puse de pié y me pegué a la pared, como lo hace un ladrón que va a asaltar a alguien. Esperé a que la sombra se volviera a acercar nuevamente. En cuanto lo hizo, salí de improviso por detrás de la puerta y me le puse de frente. Efectivamente se trataba de Felipín, el cual se quedó blanco y frío cuando me vio. - Felipe tu hermano ya no me está apaleando ni yo me estoy haciendo la paja por si eso era lo que querías ver.- le dije con frialdad y una mirada que disimulaba una sonrisa confiada. Felipe hizo el mate de darse la vuelta e irse, pero yo lo detuve de un brazo y los jalé hacía el interior de la sala.

    - ¡Suéltame hueco de mierda o le voy a decir a mis tíos!- me protestó.

    - ¿Y qué les vas a decir, qué tu hermano me da palo cada vez que tiene ganas?- se quedó callado. Felipe quería mucho a su hermano y por ningún motivo quería perjudicarlo. - Además Felipe, vi como te nos quedabas viendo y que tu mano estaba metida entre tus piernas, así que no te hagas el inocente.- Sus ojos se abrieron de repente. Su mirada era una mezcla de asombro, miedo y vergüenza.

    - Si, como lo oís, no te hagas el inocente. Tú también estás hueco.- Sus expresión seguía siendo la misma. Aunque era obvio que quería salir corriendo de allí, algo lo detenía. Algo que yo sabía que era y de lo que yo me aprovecharía.

    Le estampé un beso fuerte y firme en los labios. Al principio hizo el mate de querer quitarme, pero no pudo. Yo lo tenía agarrado de las nalgas y de la cabeza. Por mucho que quiso empujarme con las manos, no pudo. Y no fue porque yo sea muy fuerte o el muy débil. La realidad es que no trató mucho. Felipín se encontraba en una de esas clásicas situaciones de "quiero, pero mejor no". - ¿Qué te pareció primito? ¿Estuvo bien, o seguís prefiriendo los besos de tus noviecitas?- no me respondió.

    - ¿No que tan machito? Ahorita estabas besando a un hombre y no te zafaste porque no quisiste.- siguió sin contestarme. A estas alturas ya estaba claro lo que había que hacer.

    - ¿Y ahora qué sentís maricón?- le dije mientras rozaba sus genitales con los míos sobre la ropa. El muchacho solamente se tensó, pero no se quitó. Lo estaba gozando.

    - Felipín, ¿me quieres sentir más "íntimamente"?- y viéndolo directamente a los ojos, me empecé a acercar a sus labios. Entreabrió los suyos en un claro mensaje de "si, yo también quiero".

    Nos fundimos en un beso apasionado, tímido al principio. El no besaba como Carlos. Felipe era más delicado, e imprimía más ternura. Siempre fue así. Poco a poco me iba atreviendo a más con el. Primero mi mano en sus nalgas comenzó movimientos circulares y lentos. Se iba metiendo cada vez con más y más profundidad, y la respiración del muchacho se aceleraba más y más. Terminé sobándole de frente lo genitales. Me percaté que su pene ya estaba en posición de firmes.

    Entonces un ruido nos asustó. Alguien estaba abriendo el portón del garaje. Eran los padres de Felipe y Carlos que regresaban de su reunión. Con rapidez me despedí de mi primito con un suave y tierno beso en los labios, que él correspondió, y salí corriendo hacia mi cuarto. El se quedó solo en la sala. Entré a mi habitación y me despojé de la bata, y me puse mi pijama. Con prisa me tiré entre mis frazadas y me tapé hasta la cabeza como un niño que desea que sus padres piensen que ha estado durmiendo toda la noche.

    A la mañana siguiente, Carlos y yo actuábamos como si nada hubiera pasado la noche anterior. Nos levantamos más o menos a las 7:30 de la mañana y fuimos a desayunar. - ¿Qué tal durmieron anoche niños?- la madre de Carlos es una señora bien tierna y cariñosa. Todavía nos llamaba niños. - Muy bien mama.

    - Si tía, muy bien.

    - ¿No sintieron mucho frío?

    - Para nada.- contestamos en coro. Y la verdad es que en ningún momento sentí frío aquella noche.

    - Felipito está enfermo, fíjense.- ese comentario captó toda mi atención.

    - ¿Y qué tiene?- pregunté como haciéndome el despreocupado.

    - Creo que fiebre. Anoche que regresamos lo hayamos pálido en la sala.- por supuesto yo sabía la razón de su palidez- Nos dijo que mejor se regresó del cine porque no se sentía bien.

    - Con razón no se ha levantado todavía.- dijo Carlos, ignorando que la causa de el malestar de su hermanito era yo. - Es una lástima que el esté enfermo. Doña Carlita- una amiga de la familia.- nos había invitado a una parrillada a su casa, pero con Felipe enfermo tu tía no va a querer salir.- dijo mi tío dirigiéndose a mi. Mi tía todavía cuidaba a sus hijos como si fueran niños pequeños en contra de la voluntad de estos. Creo que por esto se puso muy mal cuando Felipe les salió con que se estaba volviendo una loca, pero eso es otra historia... de la que yo tengo mucho que ver.

    - Si quieren vayan y yo me quedo acompañando a Felipe,- dije yo muy llevadero- de todas maneras yo no conozco a esa señora y ustedes son los invitados.

    Frases como "Manuel, eres un sol" o "¡Qué buen primo eres!" no se hicieron esperar. Les pareció estupenda la idea. Si yo me quedaba con Felipe, toda la familia podría ir a esa parrillada... y yo iba a poder continuar tranquilamente con Felipe la "plática" que dejamos pendiente la noche anterior. Sabía perfectamente que, aunque la invitación era para almorzar, esas reuniones no terminaban sino hasta bien entrada la noche, tiempo más que suficiente para desahogarnos nuestras "represiones".

    Se fueron como a las 12:30. Carlos iba con ellos. Nunca se imaginó que yo me atrevería a insinuarme a su hermano, y mucho menos que a su hermano le fuera a gustar. Felipín se levantó como a eso de las 9:30. Cuando su madre le informó que yo me iba a quedar cuidándolo, una mirada nerviosa salió de sus ojos. Nuestras vistas se cruzaron y yo supe que el se sentía nervioso por la noticia. El ya sabía que yo iba a tratar de terminar lo que iniciamos anoche, y no hizo absolutamente nada para evitarlo. Y yo siempre he dicho que "el silencio otorga".

    Pues bien, como les decía, cuando la familia se fue, me quedé totalmente solo con Felipe. Y digo totalmente porque la muchacha de la limpieza no estaba, se encontraba de vacaciones. Pues bien, sin moros en la costa, yo me sentí como en una escuela secundario solo para señoritas (¡Ay qué bueno está ese papaíto!). Me le acerqué y le susurré al oído: - Bueno primín, anoche dejamos algo pendiente si mal no lo recuerdo...- no recibí respuesta alguna, solo una mirada esquiva.

    - Mira Felipe que el silencio otorga... y si no me contestas voy a sacar mis propias conjeturas.- Esta vez una tímida mirada algo sonrojada se dirigió a mi por un breve momento. No esperé a ningún otro tipo de respuesta y le estampé una beso en la boca.

    Lo que pasó desde ese momento en adelante es algo digno de una buena película porno. Nos besamos con pasión. Nuestras lenguas hicieron contacto y se acariciaron suavemente, mientras mi mano acariciaba su pecho y jugaba bajo su camisa. Nos hallábamos en la sala, sentados en el sillón grande frente a frente. Poco a poco, fui abriendo cada uno de los botones de su camisa. Muy lentamente pues no quería asustarlo, además de que así nos calentábamos más. En el trayecto le acaricié el pecho y los pezones. Estos últimos se los puse duros y firmes apretándolos suavemente y frotándolos con las yemas de mis dedos. Se que le gusto por los profundos suspiros que salían de su interior.

    El camino de mi mano izquierda continuó. Con su camisa ya abierta, empecé a aflojar su cincho lentamente. Esto lo incomodó un poco, ya que trató de separarse de mi. - Tranquilo Felipín, tranquilo. Vos sabías que esto también iba a pasar.- le dije, con lo que se volvió a relajar y a dejarse llevar otra vez.

    Aflojé su cincho como dije antes, pero no le bajé el pantalón. Preferí acariciarle los muslos con pasión pero con ternura. Mi mano izquierda pasó desde sus rodillas hasta sus caderas por afuera, para regresar por la parte interior de sus piernas rozándole apenas los genitales. Se estaba excitando rápidamente. La velocidad de su respiración me lo decía. Además, ahora ya no era solo yo el que le exploraba la boca con la lengua, ahora el también me la exploraba a mí.

    Comencé a desviar mi besos hacia su cuello. Era delgado y blanco como él. Lentamente guié mis besos hacia el exterior de su boca. Le rocé la comisura de los labios con la lengua. Y, aparentemente, él comprendió a qué dirección me estaba yendo, por lo que inclinó la cabeza hacia atrás, dejándome un acceso libre a su blanco cuello. Lo besé, primero con suavidad y después con mucha pasión. Mi lengua lo recorrió desde la boca hasta donde comienza el pecho. Entonces si lo tomé de los genitales. Mientras mi mano derecha le acariciaba la cara y le rozaba lo labios, la izquierda sobaba con pasión su abultada entrepierna. Pude sentir una erección fuerte. Una erección aún virgen ante los labios de un hombre. Una erección que yo me moría por probar. Entonces me detuve. Levanté la cara y le di un apasionado beso. Le bajé la camisa hasta la cintura mirándolo a los ojos y bajé. Mis labios se adhirieron a sus pezones y los succionaron como un niño de pecho lo hace con su madre, mientras mis manos desabrochaban la hebilla de su pantalón de lona azul y la jalaban hacia sus rodillas. Felipín se estremeció, pero no puso ninguna objeción debido a la calentura que se andaba echando.

    Su pantalón quedó a la altura de sus rodillas, dejando al aire libre su calzoncillo blanco con una visible erección. Nuevamente le vi directo a los ojos. Lo hacía porque Felipe siempre se chiviaba y se ponía rojo como un tomate. Inmediatamente jalé un poco aquella prenda y saqué su pene. Era un miembro blanco y rozado. Era un poquito más corto y delgado que el de su hermano, pero sus dimensiones no eran del todo malas. Y la verdad a mi me encantan los penes normales. Los veo casi femeninos.

    Un tímido, suave y entrecortado "¿Qué vas a hacer?" salió de la garganta de mi primo. No le respondí. Solamente me limité a lanzarle una mirada pícara. Tomé aquel precioso miembro entre mis manos y, desde la base, lo apreté hacia arriba, para que sus secreciones salieran de el. Una gorda gota trasparente salió de la punta y bajó rápidamente por el frenillo hacia abajo. Me abalancé sobre ella y aún logré atraparla con mis labios. Mi boca se selló a la mitad del enrojecido miembro de Felipe y succioné fuerte, al tiempo que mi legua frotaba la cabeza. Felipín no soportó más y, ante mi sorpresa, se chorreó en ese momento. Una abundante y tibia carga de semen inundó mi boca mientras mi amante gemía y se contraía sobre el sillón.

    Estaba tan caliente que llegó al orgasmo sin previo aviso. No estaba preparada para recibir su esperma por lo que casi me ahogo. La mayor parte se derramó sobre sus piernas y en el suelo. - Perdón,- me dijo avergonzado.- yo no quería acabar entre tu boca. Te traigo una toalla.

    Y se levantó sin camisa y subiéndose el pantalón en el camino. Entró a la cocina, tomó una toalla y se dirigió de regreso a la sala. Pero al llegar, ¡o, sorpresa!, me encuentra en bolas sentada en el sofá. Con las piernas abiertas, la paloma en posición de firmes agarrado por una mano y la otra agarrándome las bolas, el pobre Felipe se queda con la boca abierta. - ¿Para qué queréis la toalla si sabéis que me gusta comerme el semen de mi amante?- le pregunté sin ninguna vergüenza.

    - Eh... este...- no atinaba a decir nada.

    Con un ademán le indiqué que se acercara. El obedeció. Se acerco lentamente, dejando que su pantalón cayera al suelo. - Bueno, no e terminado contigo, así que ven.

    Y lo jalé a mi, tomándolo de la cadera. Bajé su calzoncillo para dejar al aire su maquinaria en toda su gloria. Lo agarré de las nalga y acerqué su nuevamente erecta paloma a mi boca. Soy adicto a chupar palomas. Esta vez el trabajo oral fue más largo y más intenso. Succionaba desde la base hasta la punta de la cabeza, para volver a metérmela hasta el fondo otra vez y volver a jalar igual. Felipín estaba gimiendo como una prostituta con una enorme verga encajada entre el hoyo. Se la levanté para lamerle los huevos. Pasé mi lengua rozándole el ano y terminando en la base del pene. Lo estaba volviendo loco. Diestramente y con cuidado, comencé a introducir un dedo de mi mano derecha entre el culo de mi primo, que se estremeció al principio, pero rápidamente se relajó y se entregó al placer de mis caricias. Terminé metiéndole hasta tres dedos, mientras el ya no cabía en si de gozo. Se estremecía y se sacudía hasta que llegó a su segundo orgasmo. Esta vez si estaba preparada. Recibí toda su carga con presteza y no dejé escapar ni una sola gota.

    Felipe gimió y gimió ordasmeándose. Y yo estaba más caliente que una brasa. - Va Felipín. Creo que vos ya gozaste suficiente conmigo por hoy, así que ahora me toca a mi.- le dije. - ¿Qué quieres que haga?- me respondió solícitamente. Siempre me agradó lo servicial de él. - Lo mismo que te acabo de hacer a vos.- Y sin pensarlo dos veces, bajó lentamente, se puso de rodillas y se quedó viéndome a la cara, como esperando que lo guiara.

    Lo tomé de la cabeza y después de susurrarle al oído palabras tiernas, le di una beso apasionado. Inmediatamente después estaba haciendo su primera felación, de muchas otras que haría en el futuro (y no solo conmigo, pero esa es otra historia). Rodeó mi glande con sus labios y comenzó a lamer y a frotármelo con la lengua. Hacía tanto tiempo que no me hacían eso, ya que ni el Popo ni Carlos aceptaban, y mis otras aventurillas habían resultado algo así como... decepcionantes. Pero esta vez era otra historia.

    Guié la suave y tímida lengua de Felipe mientras conocía mi masculinidad. Lo guíe cuando le di mis huevos para que chupara, y cuando le pedí que me metiera dos dedos. El obedecía con presteza a cada una de mis peticiones ya que las gozaba como un loco... o mejor dicho, como una loca.

    Le dije que se pusiera de pié. Lo hizo. Yo me paré a su lado. Lo despojé del resto de ropa que llevaba y lo arrodillé frente al sillón con el pecho tumbado sobre este. Ya sabrán lo que seguía. El también lo sabía y tan solo me pidió un poco de delicadeza. Iba a desflorar ese culito virgen.

    Suavemente empecé a presionar sobre su ano con mi verga, a la cual unté con aceite previamente. Mientras él se aferraba a los bordes de los asientos del sillón y abría las piernas los más que podía. Lentamente la cabeza de mi dura paloma comenzó a entrar. Un gemido de dolor salió de los labios de mi primo, pero no me detuve. Es normal que la primera vez que lo enculan a una/o duela un poco.

    Finalmente le dejé ir todo, y comencé el proceso de mete y saca, despacio y con suavidad al principio, pero cuando su ano se dilató lo suficiente, me dejé ir con más fuerza. Felipe gimió y casi gritó del placer. Debo admitir que para ese entonces ya había desarrollado una técnica aceptable para montar hombres.

    El pase duró unos 8 minutos hasta que sentía que me iba a correr. Saque mi miembro de su culo y lo jalé de los hombros. Abrí su boca y eyaculé allí. Creo que le dio asco al principio, pero pronto tomó gusto, al igual que yo, por saborear el semen de nuestros machos. Chorros de mi esperma resbalaban por sus mejillas, para caer al suelo.

    Seguimos cogiendo como locos por unas dos horas más. Terminamos agotados, pegostiados y empapados de sudor. Tomamos una ducha juntos, y allí nos dimos el del estribo. Luego nos sentamos en el sillón a ver televisión y haciendo planes para futuros encuentros. Platicando sobre lo bien que la pasamos... y nos pasamos mutuamente; que lo mejor era que se lo ocultáramos a su hermano, y que debíamos gozar al máximo el resto del tiempo que me quedaba con ellos. Aun nos acariciamos y besamos un rato antes de decidir retirarnos a nuestras habitaciones antes que su familia regresara.

    Después de eso, la vida dio muchas vueltas. Yo continué dando y recibiendo palo, al igual que él. Eventualmente comencé a vender mi culito para ganar plata (se saca buena papa con eso), hasta que uno de mis clientes me descubrió ante mi familia. Es una historia muy fea así que no la voy a contar. Pero desde entonces dejé las camisas y los pantalones, y los cambié por los vestidos ajustados y los tintes y el maquillaje. Y abandoné mis estudios en arquitectura y los cambié por un generalmente bien remunerado empleo de puta travestí. Ahora Manuel ha quedado atrás para darle la entrada a Dulce. Felipe también cambió de bando definitivamente y a pesar de las lágrimas de su madre. Ahora es la Veva, Genoveva.

    Pero bueno esas son otras historias que les tendré que contar algún día. Mientras tanto me despido, y si alguien quiere platicar algo conmigo, o comentar acerca de mi historia, puede escribirme a este correo:

    azucar_21@latinmail.com

    Hasta la próxima.





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